Terapia en español en Seattle y todo Washington, con una terapeuta latina
Hay cosas que solo se pueden decir en el idioma en que las viviste.
A lo mejor pasas el día entero en inglés. Trabajas, presentas, discutes con tu jefe y no se te traba la lengua. Pero cuando toca hablar de tu mamá, de la culpa o de lo que se quedó allá, las palabras en inglés no alcanzan. Lo traduces antes de decirlo y, en el camino, se enfría.
Para eso sirve hacer terapia en tu idioma. Soy Dania Uritskiy, LICSW, y hago psicoterapia en español y en inglés desde hace más de diez años. Atiendo en mi consultorio de Edmonds, al norte de Seattle, y en línea en todo el estado de Washington.
Prefer to read in English? See multicultural counseling.
Mi familia, y por qué tengo un apellido ruso
Mis papás son de El Salvador. Yo nací en Maryland y viví parte de mi infancia allá, en El Salvador. En mi casa siempre se habló español, y sigue siendo el idioma de mi familia.
Ya sé que Uritskiy no suena muy salvadoreño. Es el apellido de mi esposo, que es ruso. Así que en mi familia conviven dos idiomas y, si contamos la cultura de aquí, tres maneras de entender la familia, las fiestas y el dinero. De eso también sé un poco.
Te lo cuento porque mucha gente busca una terapeuta latina para no tener que explicar desde cero qué significa la familia, el respeto o la obligación. Eso no lo vas a tener que explicar. Lo que sí te voy a preguntar es cómo era tu familia, porque una casa salvadoreña en Maryland no se parece necesariamente a una casa mexicana en Yakima o colombiana en Bellevue.
Y si se me escapa una palabra muy guanaca, me avisas y te la explico.
¿Psicóloga, terapeuta o trabajadora social?
Muchas personas me encuentran buscando "psicóloga en español". Tiene lógica: en buena parte de Latinoamérica, a quien da terapia se le llama psicóloga y ya.
Prefiero ser clara. No soy psicóloga. Mi licencia en Washington es de trabajadora social clínica independiente (LICSW), y con esa licencia hago psicoterapia, que es justamente lo que la gente espera cuando busca a una psicóloga. Lo que no hago es recetar medicamentos. Si en algún momento hace falta, te ayudo a buscar a quien corresponda.
Lo que más escucho en consulta
Casi nadie llega diciendo "quiero hablar de mi identidad". Llegan porque no duermen, porque la pareja está mal o porque ya no pueden con el trabajo. Lo cultural aparece después, casi siempre en la segunda o tercera sesión.
Escucho mucha culpa familiar. Mandar dinero, ser la que traduce, la que llena los formularios, la que contesta cuando llaman del seguro o del hospital. Muchas veces es la hija mayor, la que "salió adelante" y no se puede dar el lujo de fallar. Yo no voy a tratar tu sentido de obligación como un defecto. Vamos a ver qué parte eliges de verdad y qué parte ya te está cobrando más de lo que puedes pagar.
Escucho también eso de no ser ni de aquí ni de allá. Muy gringa para tu familia, nunca del todo americana en la oficina. Si eres hija o hijo de inmigrantes, tengo una página (en inglés) sobre terapia para inmigrantes y primera generación.
Está el duelo migratorio, que casi nunca tiene dónde ponerse porque en la familia la migración se cuenta como una historia de éxito. El país, la comida de la abuela, los primos que crecieron sin ti. Escribí sobre la asimilación y el duelo de dejar el hogar.
Y está la ansiedad: la cabeza que repasa la misma conversación cuarenta veces, el despertarse a las tres de la mañana. En inglés tengo una página sobre terapia para la ansiedad. En español trabajamos lo mismo.
Con muchas mujeres latinas sale tarde o temprano el mandato de ser "la buena mujer": aguantar y no quejarse. Se aprende tan temprano que parece carácter. Lo cuento mejor en mi artículo sobre el marianismo.
Embarazo y posparto, en español
Trabajo bastante con embarazadas, mamás recientes y sus parejas. A veces es ansiedad durante el embarazo. A veces son pensamientos intrusivos que asustan, o un llanto que no se va después de las primeras semanas.
En muchas de nuestras familias se espera que una mamá esté feliz y agradecida, y punto. Sentirte mal no te hace mala madre. La depresión posparto tiene tratamiento, y se puede trabajar en español. Tengo páginas en inglés sobre depresión posparto y sobre terapia perinatal.
Terapia de pareja en español
Veo parejas en las que los dos son latinos y parejas mixtas, donde uno creció hablando español y el otro lo entiende a medias, o nada. Podemos hablar en español, en inglés o en los dos, para que nadie se quede afuera.
Los pleitos que más se repiten casi siempre giran alrededor de lo mismo: los suegros, dónde se pasa la Navidad, cuánto dinero se manda a la familia, en qué idioma van a crecer los niños. Lo que más duele, por lo que he visto, es que uno de los dos se sienta solo dentro de esa diferencia. Más sobre mi trabajo con parejas en terapia de pareja (en inglés) y en amor entre culturas.
Cómo son las sesiones
Trabajo de forma relacional y psicodinámica, con mucha atención al apego. En palabras más sencillas: me interesa tu historia. Lo que hoy te pesa casi siempre viene de algún lado, y la forma en que aprendiste a sobrevivir tuvo sentido en el lugar donde la aprendiste.
No te voy a dar una hoja de ejercicios en la primera sesión. Vamos a platicar. Te voy a preguntar por tu familia, por lo que se hablaba en tu casa y lo que no se tocaba nunca. Cuando haga falta algo concreto, como poner un límite o volver a dormirte a las tres de la mañana, lo armamos en sesión. Y te voy a decir lo que pienso, con cariño pero sin rodeos.
Puedes cambiar de idioma a media frase. La mayoría lo hace. El trabajo en inglés, la mamá en español, y las groserías en el que salga primero.
Dudas antes de empezar terapia en español
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No. No necesito saber tu estatus migratorio para darte terapia, y no te lo voy a pedir para empezar.
Si quieres hablar de eso, porque el miedo a que deporten a alguien de tu familia no te deja dormir o porque tus papeles llevan años en trámite, aquí se puede hablar. Yo no trabajo para ninguna agencia del gobierno, y lo que me cuentas lo cuidan las mismas reglas de confidencialidad que todo lo demás.
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Muy pocas, y te las explico en la primera sesión. Si alguien corre un peligro serio, o si me entero de que están maltratando a un niño o a una persona mayor, la ley me obliga a actuar. También puede pasar que un juez lo ordene.
Fuera de eso, nadie se entera de que vienes a terapia. Ni tu familia ni tu trabajo, a menos que tú me pidas por escrito que hable con alguien.
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Una amiga te quiere, y por eso a veces te dice lo que quieres oír o te cuenta lo que le pasó a ella. El padre o el pastor te escucha desde la fe, y eso puede ayudar mucho.
Yo no estoy en tu vida fuera de la sesión. No voy a estar en la próxima carne asada y no gano ni pierdo con lo que decidas. Eso me deja decirte cosas que la gente cercana no se atreve a decirte, y fijarme en lo que se repite de una semana a otra.
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Sí. Atiendo a hombres, y a muchos les cuesta llegar porque crecieron oyendo que un hombre aguanta y no se queja. Lo que he visto es que la presión sale por otro lado: el mal genio o el insomnio.
No tienes que llorar ni saber explicar lo que sientes. Basta con contarme lo que está pasando, con tus palabras. También trabajo con papás que están pasándola mal después de que nace un bebé.
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No es lo mismo. La llamada gratis sirve para ver si te puedo ayudar y para que me hagas tus preguntas. La primera sesión ya es terapia. Te pregunto qué te trajo, cómo era tu casa de chica o de chico, con quién vives ahora y qué has intentado.
Al final te digo cómo veo las cosas y cómo podríamos trabajar. No tienes que llevar nada preparado.
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Para la mayoría de la gente, sí. Lo que más pesa en la terapia es la relación y la constancia, y eso se construye bien por pantalla.
Lo que sí necesitas es un lugar donde nadie te oiga, y en una casa llena eso a veces es lo más difícil. Si por video te cuesta abrirte, me lo dices y vemos si te conviene venir al consultorio.
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No, y es algo que sorprende a mucha gente. Mi licencia es del estado de Washington, así que tienes que estar en Washington durante cada sesión. Si te vas unas semanas a El Salvador, a México o adonde sea, hacemos una pausa y retomamos cuando regreses.
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Dímelo. A mucha gente le da pena, sobre todo si le enseñaron que a quien te ayuda no se le lleva la contraria. A mí me sirve saberlo.
A veces se arregla hablándolo, y esa conversación ya es parte de la terapia. Si no se arregla, te ayudo a buscar a alguien con quien te sientas mejor.
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Llama al número que viene atrás de tu tarjeta del seguro y pregunta si tu plan cubre salud mental fuera de la red (en inglés, out-of-network), qué porcentaje reembolsa y si hay un deducible que tengas que cubrir primero. Con esas tres respuestas ya sabes qué esperar del superbill.
Yo trabajo con pago privado. Las tarifas están en la página de tarifas.
Eliges un horario para vernos, directamente en mi calendario. Quince minutos, gratis, por video o por teléfono. No necesitas tener las palabras listas ni llenar formularios largos; entiendo que el primer paso puede ser difícil.
Nos vemos de forma virtual y hablamos de lo que está pasando. Te diré con honestidad si soy la persona adecuada, y si no lo soy, te orientaré hacia alguien de mi red que sí lo sea.
Si se siente bien, agendamos tu primera sesión completa, normalmente dentro de una semana. Atiendo en mi consultorio en el malecón de Edmonds, o de forma virtual en todo el estado de Washington.
